Se trata de un misterio casi tan antiguo como la medicina moderna: ¿por qué tantas personas tienen continuamente problemas intestinales, como diarrea, dolor abdominal y flatulencia, sin una causa aparente?
Esta incógnita nos acompaña desde hace más de 3000 años. Hasta el propio Hipócrates, padre de la medicina moderna, describió el caso de un paciente con molestias intestinales, alteraciones del tránsito intestinal (diarrea o estreñimiento), flatulencia y tenesmo (sensación de tener la necesidad de defecar, aunque los intestinos estén vacíos). Pero no logró hallar la causa.
Al igual que él, médicos y científicos han seguido investigando durante décadas, incluso siglos, el origen de esta enfermedad. Pese a que la medicina hacía grandes avances y el descubrimiento de antibióticos, vacunas y nuevos principios activos permitía tratar incluso enfermedades raras, nadie conseguía descubrir la causa de esta dolencia.
Todo eso sucedía a pesar de que el número de personas que de forma reiterada sufrían diarreas, dolores abdominales y flatulencias no dejaba de crecer. Con el tiempo, se fue desarrollando en este contexto la idea del "intestino irritado"; más tarde se acuñó el término "síndrome de colon irritable" para designar la combinación de flatulencia, dolor abdominal y/o diarrea recurrente sin una causa identificable.
No fue hasta el asombroso descubrimiento de un investigador estadounidense en el año 2000, cuando por fin se pudo avanzar en la resolución del misterio de los trastornos intestinales recurrentes.
Cómo el asombroso descubrimiento de un equipo de investigadores estadounidenses supuso un gran avance

En Boston, el Dr. Alessandro Fasano y su equipo llevaban varias décadas investigando el papel del intestino en el desarrollo de diversas enfermedades. En el año 2000 hicieron un hallazgo tan inesperado como asombroso.
El Dr. Fasano y su equipo descubrieron que la barrera intestinal de un determinado grupo de pacientes con trastornos intestinales recurrentes era inusualmente permeable. De hecho, pudieron incluso demostrar que la barrera intestinal presentaba unas lesiones pequeñísimas (conocidas como "microlesiones") que permitían el paso de sustancias tóxicas o patógenos.
En esta barrera hay un elemento que desempeña una función clave: el epitelio intestinal. El epitelio intestinal está formado por una única capa de células fuertemente unidas entre sí, llamadas "células epiteliales intestinales".
En los pacientes examinados por el Dr. Fasano y su equipo, esta capa de células epiteliales intestinales era más permeable de lo normal. El motivo estaba en las estrechas uniones entre la células epiteliales: debido a la presencia de daños minúsculos en estas zonas de oclusión, había puntos en los que las células epiteliales intestinales ya no estaban tan unidas como deberían.
Esto permitía a los patógenos penetrar la pared intestinal e irritar el sistema nervioso entérico subyacente, lo que a su vez podía causar molestias intestinales recurrentes como diarrea, dolor abdominal y flatulencia, entre otras.
En otras palabras: los pacientes examinados por el Dr. Fasano tenían un intestino demasiado permeable (agujereado, por así decirlo).
Para referirse a ello, el Dr. Fasano acuño el término inglés de «leaky gut» (síndrome de intestino permeable).
Cómo un científico italiano hizo un descubrimiento asombroso y puso un remedio eficaz al alcance de millones de pacientes

Ahora bien, aunque por fin se había hallado la causa de las dolencias de millones de personas, eso solo sirvió para ayudar parcialmente a los pacientes afectados. En aquella época, la medicina no contaba con ningún tratamiento eficaz que ayudara al organismo a sellar el intestino "agujereado" y a reparar esos daños microscópicos.
No fue hasta 2009 cuando al profesor italiano Guglielmetti se le ocurrió una idea tan brillante como sencilla. El profesor Guglielmetti llevaba muchos años investigando el misterio del intestino irritado en la Universidad de Milán. Su razonamiento era el siguiente: ¿por qué no utilizar un principio antiguo y sumamente sencillo para fortalecer el poder autocurativo del organismo? El sencillo truco que pretendía emplear había sido inventado en 1882 por un farmacéutico de Hamburgo llamado Beiersdorf: la tirita /el parche sanitario.
Si fuera posible proteger la barrera intestinal con una especie de parche, esos daños de tamaño microscópico podrían curarse por sí solos, con lo que volvería a reducirse la permeabilidad del intestino. Como resultado, el profesor Guglielmetti suponía que los síntomas causados por las irritaciones, como la diarrea y/o el dolor abdominal y/o la flatulencia, también disminuirían.
Ahora bien, ¿cómo colocar un parche en la pared intestinal?
Guglielmetti también tenía una idea para esto: en aquel momento, los científicos estaban realizando las primeras investigaciones con probióticos (bacterias "buenas", podríamos decir) en pacientes con intestino irritadono obstante, los efectos diferían considerablemente entre unas cepas bacterianas y otras.

Muchas no mostraron ningún efecto; otras incluso empeoraron los síntomas. Solo un número muy reducido de ellas permitía observar una ligera mejoría de los síntomas individuales.
La hipótesis de Guglielmetti era la siguiente: ¿es posible que el efecto positivo que demuestran algunas cepas bacterianas esté relacionado con su capacidad de proteger la barrera intestinal como si se tratara de un parche? Si las bacterias se adhieren con la suficiente fuerza a las células intestinales, estas deberían ser capaces de desarrollar un "efecto parche" en las zonas dañadas de la pared intestinal, es decir, proteger las zonas dañadas como lo haría un parche.
El profesor y su equipo iniciaron la búsqueda de estas posibles cepas bacterianas. Durante muchos años de intenso trabajo, Guglielmetti analizó numerosas cepas en el modelo de intestino para comprobar su capacidad de adherirse a las células intestinales.
Contó con el apoyo de los científicos de la empresa alemana SYNformulas, que estaba trabajando para hacer accesible el potencial de los probióticos a un grupo más amplio de pacientes bajo la marca Kijimea. La filosofía de la empresa consistía en basarse única y exclusivamente en los resultados de la investigación científica. Solo los probióticos cuya eficacia se pudiera demostrar a través de estudios rigurosos, podrían comercializarse bajo la marca Kijimea. En SYNformulas, todos estaban convencidos de que esa era la única forma de conseguir que los pacientes confiaran en este enfoque médico tan novedoso.
Así que los equipos de Italia y Alemania tuvieron que investigar durante muchos años hasta que al fin encontraron lo que buscaban. Y cuando lo consiguieron, ni siquiera ellos fueron conscientes de la importancia de su descubrimiento.
El efecto parche

Mientras experimentaban con diferentes cepas bacterianas, un día se encontraron con una cepa muy especial de bifidobacterias llamada B. bifidum MIMBb75. Su particularidad residía en el hecho de que mostraba una adhesividad (capacidad para adherirse a las células intestinales como un parche protector) mucho mayor que la de todas las demás cepas bacterianas que se habían estudiado hasta entonces.
Al principio, los investigadores apenas podían creen los resultados, ya que la fuerza de adhesión era hasta 10.000 veces mayor que la de otras cepas: un valor que les parecía demasiado alto para ser cierto.

Este experimento de laboratorio demuestra que la cepa de bifidobacterias MIMBb75 tiene una capacidad de adhesión a las células intestinales mucho mayor que todas las demás cepas estudiadas.
¿Sería la B. bifidum MIMBb75 la cepa que llevaban buscando tanto tiempo? ¿Habrían encontrado, al fin, una esperanza para los millones de pacientes con colon irritable de todo el mundo?
Para comprobarlo, realizaron un estudio siguiendo la metodología científica más fiable, el llamado "estándar de oro".
En el marco de un estudio de estándar oro, una parte de los pacientes recibe el principio activo que se está estudiando, mientras que otra parte recibe un placebo; es decir, una sustancia inerte que tiene el mismo aspecto y el mismo sabor que el principio activo. Ni los médicos responsables del estudio ni los propios pacientes saben a quién se está administrando el principio activo real y a quién el placebo.
De acuerdo con esta metodología, una parte de los pacientes recibe el principio activo que se está estudiando, mientras que otra parte recibe un placebo. Ni los médicos responsables del estudio ni los propios pacientes saben a quién se le está administrando el principio activo real y a quién el placebo.
Por desgracia, son muy pocos los fabricantes de probióticos que realizan este tipo de estudios, ya que son muy complicados, costosos, y a menudo sus resultados son decepcionantes (por ejemplo, porque no permiten detectar diferencias entre el grupo del principio activo y el grupo de placebo).
El resultado del estudio fue claro e impresionante: la mejora de los síntomas de los pacientes con colon irritable asignados al grupo de B. bifidum MIMBb75 fue mucho mayor que la de los pacientes del grupo de control asignados a placebo. La llamada "tasa de respuesta", es decir, la proporción de pacientes que notaron una mejoría significativa de los síntomas fue del 57 % en el grupo de B. bifidum MIMBb75 y de solo el 21 % en el grupo de placebo. Se trata de un resultado verdaderamente extraordinario.
Cómo Kijimea conquistó el mundo
Avalada por estos excelentes resultados, SYNformulas lanzó al mercado la exclusiva cepa bacteriana B. bifidum MIMBb75 bajo el nombre de "Kijimea Colon Irritable". Este fue el comienzo de una marcha triunfal sin precedentes para este producto de nombre tan llamativo.
Hoy por hoy, Kijimea Colon Irritable, junto con su versión mejorada Kijimea Colon Irritable PRO, es con gran diferencia el producto sanitario más utilizado para el síndrome de colon irritable en muchos países de Europa.
Resultados de pruebas y valoraciones de usuarios
Los consumidores también valoran la elaboración cuidadosa del producto y los elevados estándares de calidad que la empresa le asigna a los mismos. En línea se pueden encontrar numerosas valoraciones favorables.
Ana María R.
"Llevo unas semanas tomando el producto y ya me siento mucho mejor. Incluso se lo he recomendado a una amiga."
Miguel M.
"El mejor producto que he probado y que me funciona."
Lucía V.
"Llevo ya tiempo buscando un probiótico producido y envasado bajo los más altos estándares de calidad científica. Al investigar un poco sobre el tema, enseguida noté que Kijimea cuenta con altos estándares de calidad que claramente lo diferencia de los demás. ¡Estoy super satisfecha!"
Debido al extraordinario éxito de Kijimea Colon Irritable PRO, el fabricante SYNformulas ha llegado a tener problemas de suministro, hasta el punto de que Kijimea Colon Irritable PRO ha estado agotado en varias ocasiones. Hoy en día, muchos clientes eligen en su primera compra el envase más grande, que contiene 84 cápsulas, para tener la certeza de que podrán tomar el producto de forma continuada durante un periodo de 6 semanas incluso aunque haya problemas de suministro.
Kijimea Colon Irritable PRO puede adquirirse a través de la tienda en línea del fabricante, Amazon y en farmacias locales o en línea. Recientemente, la mejor opción es adquirirlo en la propia tienda en línea del fabricante. En ella, los usuarios también se benefician de una garantía de devolución del dinero en un plazo de 30 días, así como de envío gratuito para pedidos superiores a 49 euros.
Conviene saber: Todos los productos Kijimea se fabrican en Alemania, sin utilizar ingeniería genética y sin experimentos en animales. Tanto el proceso de fabricación como el equipo utilizado cuentan con la certificación BPF conforme a la estricta norma farmacéutica. Además, cada lote se somete a pruebas en un laboratorio independiente antes de salir a la venta.
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Kijimea Colon Irritable PRO contiene la cepa de bifidobacterias inactivada térmicamente B. bifidum HI-MIMBb75 (0,5 × 109 bacterias por cápsula). Los otros ingredientes son: almidón de maíz, hidroxipropilmetilcelulosa, estearato de magnesio, dióxido de silicio y complejos cúpricos de clorofilinas.

Pablo García nació en 1965 cerca de Sevilla y desde muy joven demostró su pasión por la escritura colaborando en diversos periódicos estudiantiles. Tras su carrera académica, asistió a numerosos seminarios y conferencias sobre temas relacionados con la salud, lo que le permitió combinar su oficio periodístico con su pasión por la medicina. García escribió para varias revistas médicas y de salud.
En 2005, Pablo García se incorporó al equipo editorial de Asesor de Salud. Gracias a sus profundos conocimientos del sector sanitario y a su talento para la comunicación científica precisa y comprensible, ascendió rápidamente en la escala profesional. En 2015 asumió el cargo de redactor jefe.
Bajo la dirección de García, Asesor de Salud publica una gran variedad de artículos y reportajes dirigidos tanto a un público especializado en medicina como a personas interesadas en el tema. Su objetivo es presentar temas médicos complejos de forma comprensible y, al mismo tiempo, ofrecer la información más actualizada sobre las últimas investigaciones. Pablo García es conocido por su minuciosa investigación y su compromiso con el periodismo de calidad.
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